7 de enero de 2009

Metro

7 de enero de 2009

En el metro somos como

pequeñas marcas en un mapa sideral,

a veces, un guiño vuela de un asiento al otro

y se reparten silencios entre las estatuas

que fungen como espectadores,

una risa interrumpe la sinfonía

que componen los frenos y los rieles,

las sed nos desmorona y nos compone

y entonces sentimos de verdad

el amor del padre que sume a su hijo

en un regazo tan formidable,

que acrecenta la soledad de los parados...

alguien dice que la muerte acompaña al viajero

como la suerte abandona al casado,

así la suerte nos deja a todos,

avanzando ciegamente por el túnel.

¡Que amable resulta esta danza!

¡Que perfectos son los pasos

que damos y no sirven para llegar a ninguna parte!

Aquí abajo, la utopía se concreta,

a veces un insulto se acrecenta

y toma el matiz de un verso,

entonces la respiración nos arrulla

y miramos el tiempo

o los rostros

con un sentido desesperado

de urgencia,

la textura del momento

nos cubre como si fuera un manto.

El niño en el regazo de su padre despierta

y se rompen los guiños que se han

estado entrelazando,

la luz nos presenta,

como si se tratara de la muerte,

la última estación en el camino.